Carta de Cipriano Palacios Lopez. 11.07.11

EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA.

La sanidad pública, universal y gratuita es de los pocos mecanismos de distribución de la riqueza y de equidad que nos quedan, mientras sea sufragada por los impuestos, ya que se supone que las rentas más altas pagan más impuestos. Si la sanidad pública pasa a ser pagada por los enfermos, adiós equidad, desaparece el elemento de solidaridad que unifica algo la sociedad y si fuera así lo que sobrarían en esta sociedad serían los políticos incapaces de hacer algo por ella.
Como trabajador de la sanidad pública, antes que recortes aconsejaría alguna medida que aumentara la eficiencia y redujese los costes; he observado que cuando existe un estímulo la eficiencia de los mismos trabajadores se multiplica, y supongo que los gestores también están al tanto de ello, por tanto con una gestión honrada y eficaz se podría mejorar la calidad ahorrando en costes. Desde luego habría que dejar de tolerar algunas conductas abusivas, como que en horario pagado por la sanidad pública se trabaje en la sanidad privada.
El mayor ahorro que está por acres es en la gestión de medicamento. Los gestores de la sanidad pública han renunciado a ella (la excepción del medio hospitalario) y por tanto no puede hacer concursos ni negociar directamente con los laboratorios y fabricantes para abastecerse de los fármacos que luego si paga, perdiendo en ello varios miles de millones de euros anualmente.

Médico del Hospital Ramón y Cajal. Madrid.
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SIETE CLAVES PARA LOS IMPUESTOS -

Ignacio ESOLAR. Público 01.07.11

1.- España es uno de los países con menor presión fiscal de la U.E. Las Administraciones Públicas recaudaron el 31,5% del PIB en 2010, según Hacienda. La media europea, según los últimos datos de Eurostat, de 2009, es del 40,4%.

2.- España también es uno de los países con más dinero negro de la UE. Según Funcas, la economía sumergida supone más de 260.000 millones de euros; un 23,7% del PIB. Si tenemos en cuenta ese factor, la verdadera presión fiscal se queda por debajo del 30% del PIB real. No hay en la Europa occidental un ejemplo similar.

3.- La presión fiscal se ha hundido con la crisis, pero incluso en los mejores años estaba muy por debajo de la media de la UE.

4.- El agujero en los impuestos españoles no está en el IRPF de los trabajadores por cuenta ajena. La presión fiscal para aquellos que tienen una nómina está, de media, en el 39,6%: seis puntos por encima de la media de la OCDE,

5.- Pero España es también uno de los pocos países del mundo conocido donde los empresarios y autónomos declaran, de media, menos ingresos que los trabajadores y los pensionistas, según denuncian desde hace años los técnicos de Hacienda.

6.- Con un sistema fiscal europeo, las cuentas públicas no estarían en el aprieto en que lo están hoy. El déficit en 2010 fue del 9,2% del PIB. La diferencia de la presión fiscal entre España y Europa es prácticamente ese mismo porcentaje del PIB.

7.- Traducido: si España tuviese una fiscalidad europea –aún sin arreglar el problema de la economía sumergida-, no habría déficit. Ni problemas con el bono español. Ni recortes, ni ajustes, ni discursos apocalípticos sobre el teóricamente insostenible Estado del bienestar.